viernes, 8 de mayo de 2009

Centenario de Albéniz


El día 18 de este mes se cumplirán 100 años de la muerte de Isaac Albéniz. Tal hecho ocurría en la localidad francesa de Cambo-les-Bains en Aquitania, Francia. Nacido en la población girundense de Camprodón en 1860, la carrera internacional de este pianista y compositor tuvo tres escenarios principales: España, Inglaterra y, sobre todo, Francia, donde obtuvo sus mayores éxitos y reconocimientos y estaría en contacto con algunas de las principales figuras musicales de la época, como Fauré, Chausson, Debussy, Dukas o D'Indy y favorecería el desarrollo profesional de compatriotas más jóvenes como Falla o Turina.
Desde muy pronto destacó como pianista superdotado, triunfando en diversos lugares de Europa. A medida que ganaba fama fue incluyendo en sus recitales sus propias composiciones. Es por ello que en su catálogo la música para piano ocupa un lugar central, con obras como la Suite Española y, sobre todo, Iberia (1905-1908), considerada una de las cimas de la literatura pianística de todos los tiempos. En esta obra de una grandísima complejidad técnica, Albéniz supo huir del virtuosismo exhibicionista de los salones decimonónicos, al tiempo que sin renunciar a las raíces hispánicas, especialmente andaluzas, evita otro de los males de su tiempo: el pintoresquismo.





La influencia de su obra para piano ha eclipsado durante muchas décadas el resto de su producción, que dio también gran importancia a la voz. El Albéniz maduro dedicó muchos esfuerzos a la ópera. Un contrato con el empresario Henry Lowenfeld lo llevó a Londres donde compondría la opereta El Ópalo mágico. En esa ciudad llamaría la atención del heredero y poeta aficionado Francis Burdett Money-Coutts quien le compró a Lowenfeld el contrato con Albéniz para escribir libretos de ópera a los que éste pondría música. De esa colaboración nacieron Henry Clifford (1895), Pepita Jiménez (1896) y Merlin (no estrenada en vida del autor). Estas obras largo tiempo olvidadas han merecido un considerable interés en las últimas décadas, siendo grabadas y representadas en diversos escenarios.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Fangafrika: la voz de los sin voz

En África no solo tiene cabida la música tradicional, sino que, en una constante evolución, la música popular occidental echa raíces y desarrolla formas originales. Eso es lo que se cuenta en Fangafrika. La voix des sans-voix, un documental de casi una hora de duración, un libro de casi un centenar de páginas y un disco con 16 temas. La labor, en lengua francesa, ha corrido a cargo del colectivo Staycalm! y de mondomix Éditions.

Fangafrika aporta un panorama del rap y el hip hop en el África occidental, desde Senegal a la República Democrática del Congo, pasando por Mali, Níger, Camerún, Benín, Togo y Costa de Marfil, con una atención especial al festival Ouaga Hip Hop, con sede en Ouagadougou, capital de Burkina Faso.



El peso de la cultura oral africana, especialmentre en música (con la tradición de los griots de fondo, ha sido terreno abonado para el crecimiento del rapo, que se ha encontrado además con una numerosa población joven deseosa de dar salida a su malestar. Y es que la situación política, social y económica de estos países es propicia para este tipo de manifestaciones que surgen en cada rincón de África occidental sin necesidad de apoyo por parte de una industria musical.

El objetivo común a toda esta serie de jóvenes músicos es expresado por Lord Aladji Man, del grupo Daara J: "Que la juevntud africana comparta el mismo lenguaje musical, que hable con una voz unificada, con la misma mentalidad, en la misma dirección. Y eso se está logrando sin medios económicos. Ése es el milagro del rap africano".



martes, 5 de mayo de 2009

Los griots: memoria de África

Los griots fueron en la antigüedad el equivalente a los juglares europeos, hombres que cantaban y recitaban acompañándose de algún instrumento las noticias de la tribu y del reino, los mitos, los hechos heroicos. Surgieron en los reinos medievales mandingas del África occidental, aunque su origen no es muy claro. La leyenda griot de Sourahata habla de su aparición en el Oeste africano con la expansión del Islam (siglo VIII), contando cómo Sourahata no quiso convertirse a la fe de Mahoma e intentó matar al Profeta. Sin embargo sólo consiguió herirlo. Mahoma lo condenó entonces, al igual que a sus hijos, a vagar por toda la eternidad. De esa maldición se librarían los hijos de la segunda esposa de Sourahata, al aceptar la nueva religión, dando origen así a la casta de los griots. Algunos estudiosos creen que su origen podría ser incluso anterior.

Muchas de las epopeyas están vinculadas a la vida de Soundiata Keita, conocido como el Carlomagno de África. Vivió en el siglo XIII y unificó los territorios del Sahel desde Senagal hasta Níger, creando el Gran Imperio de Mali.


Los relatos de las vidas de los héroes suelen incluir la mención de sus descendientes y familiares. Al nombrarlos, se invoca su presencia, dándoles vida de nuevo de una forma simbólica. Ello se hace a través de la repetición de la fórmula "MB'a Wullindila" que significa algo así como "yo lo despierto".
Debido a su tradición oral los relatos de los griots conocen múltiples versiones. De hecho, se espera de un buen griot que sepa introducir novedades o giros que mantengan el interés de los espectadores en unas narraciones que pueden ser muy largas, alcanzando varios miles de versos.
Pero los griots no sólo hablan del pasado, sino que se espera que en su canto honren la casa, la familia o los antepasados de su anfitrión. Éste le responderá con un regalo.
Las familias reales y posteriormente las de comerciantes acomodados tenían griots encargados de honrar a sus antepasados.

El oficio de griot se aprendía dentro de la familia, transmitiéndose de padres a hijos. Los jóvenes empezaban su formación muy tempranamente, centrándose en primer lugar en el aprendizaje rímico, que realizaban con algún idiófono sencillo de metal. Paulatinamente aprenderían un instrumento más complejo, pero no aparecerían en público hasta no haber alcanzado un grado de maestría suficiente, lo cual podía llevar de diez a quince años. Las mujeres también participaban y dependiendo de la zona, realizaban acompañamientos vocales o ejecutaban la melodía principal.

El instrumento de acompañamiento más habitual es la kora, un arpa-laúd de 21 cuerdas.

También se usan el ngoni, una especie de laúd, y el balafón un xilófono que por lo general presenta 19 láminas amplificadas en su parte posterior por calabazas y que se toca con dos baquetas.

La música suele ser estrófica y las melodías suelen ir asociadas a cada texto concreto.
La repetición de ostinatos es fundamental como patrón estructurador y como elemento sobre el que se crean improvisaciones y variaciones. También son importantes las improvisaciones vocales.


Los cambios que han sufrido las sociedades africanas en los últimos cincuenta años también han afectado a los griots. En la actualidad han perdido un poco esta característica de ser "preservadores de la memoria" y tienen una función más volcada al esparcimiento, especialmente los que pueden encontrarse en las ciudades, donde la competencia es mayor que en el medio rural y no existen los antiguos patrocinadores.