jueves, 30 de abril de 2009

Ministriles


Se suele considerar que los ministriles son los primeros instrumentistas profesionales. Surgen en el tránsito de la Edad Media hacia el Renacimiento como evolución de los juglares cuando son contratados por corporaciones municipales para tocar en actos de muy diversa índole. También podían trabajar para la Iglesia o en las cortes. Los contratos de la época solían hacer referencia, más que a cantidades monetarias, a la vivienda o al suministro de determinados bienes como textiles, ciertas cantidades de grano, vino...




Aunque podían incluir instrumentos muy variados, lo más normal es que pertenecieran a la familia de los aerófonos: chirimías, cornetas, bajones, bombardas, flautas, sacabuches... y que pudieran contar con el acompañamiento de la percusión. Entre ellos se pueden destacar los siguientes:

La corneta o cornetto era un instrumento de embocadura con un sonido similar al de la trompeta actual, pero mucho más dulce, lo que le hacía ideal para conjuntarse con las voces. Se fabricaba en madera o marfil, recubriéndose de cuero. Su forma curva, que se asemeja a la de un cuerno, de donde viene su nombre, es característica.




El sacabuche es el antecesor del actual trombón de varas, empleándose sobre todo en su registro de tenor.



Las chirimías eran de lengüeta doble, como el actual oboe, y conocía distintos tamaños que proporcionaban diferentes alturas de sonido.



El bajón sería el antecedente del moderno fagot y su sonido era grave. En la Península Ibérica siguió utilizándose en la interpretación de la música religiosa más allá del Renacimiento, llegando hasta el siglo XIX.




A imitación de la música vocal se organizaban según la altura de su sonido para realizar las distintas voces de la polifonía. De esta manera eran de uso frecuente en la música religiosa, junto con el órgano, acompañando y sosteniendo a los cantores, interpretando misas y motetes.

Pero también podían interpretar música puramente instrumental, de tal forma que estos instrumentos están en la base de la progresiva emancipación de la música instrumental respecto al modelo de la música vocal con las canzoni da sonare y, sobre todo, la música de danza.



martes, 28 de abril de 2009

Vihuelas y guitarras

El siglo XVI conoce en la Península Ibérica la convivencia de dos instrumentos de cuerda pulsada: la vihuela y la guitarra renacentista. La primera tenía seis o siete órdenes (pares) de cuerdas frente a los cuatro de la segunda. Si la guitarra se consideraba un instrumento propio de las clases populares, la vihuela gozó del aprecio de las clases altas y cultivadas, de tal forma que el teórico Juan Bermudo habla de "vihuela vulgar" y "vihuela cortesana".
Hasta nosotros han llegado siete libros impresos con música para vihuela, debidos a instrumentistas afamados en su época.
  • Luys de Milán, El Maestro, Valencia, 1536
  • Luys de Narváez, Los seis libros del Delfín, Valladolid, 1538
  • Alonso Mudarra, Tres libros en cifra para vihuela, Sevilla, 1546
  • Enríquez de Valderrábano, Silva de Sirenas, Valladolid, 1547
  • Diego Pisador, Libro de música de vihuela, Salamanca, 1552
  • Miguel de Fuenllana, Orphénica lyra, Sevilla, 1554
  • Esteban Daza, El Parnaso, Valladolid, 1576

En ellos aparecen piezas de carácter libre como las fantasías, contrapuntístico como los tientos y las diferencias, composiciones para canto y vihuela, así como transcripciones de motetes o pasajes de misas de autores célebres.


De la guitarra, por el contrario, se han conservado en nuestros días pocas piezas, lo que podría indicar su vinculación con la música de tradición oral.

A mediados de siglo, sin embargo, a la guitarra renacentista se le añadió un quinto orden, con lo que terminaría por desplazar a la vihuela, dando lugar al instrumento conocido a partir del XVII como guitarra española.


domingo, 19 de abril de 2009

Orphenica lyra

Siguiendo con Orfeo y el poder de su lira se puede recordar aquí la publicación del vihuelista Miguel de Fuenllana del año 1554 llamada Libro de música para vihuela intitulado Orphénica lyra.

La vihuela, instrumento característico de la música del siglo XVI español, comparte afinación, número de órdenes de cuerdas, técnica de tañido e incluso repertorio con el laúd, diferenciándose de este último por su forma más similar a la de una pequeña guitarra o un charango.

Las colecciones de música para vihuela solían combinar lo culto con lo popular, el contrapunto más elaborado con la adaptación de romances o villancicos, lo hispánico con lo foráneo, las piezas instrumentales con las vocales. Estaban destinadas a un público relativamente amplio de tañedores aficionados y no solamente a los músicos profesionales.


En la recopilación de Fuenllana se encuentra precisamente musicada parte de la primera de las Églogas de Garcilaso (el monólogo del pastor Salicio) autor de quien este blog toma prestado el título.




¡Oh más dura que mármol a mis quejas

y al encendido fuego en que me quemo

más helada que nieve, Galatea!

Estoy muriendo, y aun la vida temo;

témola con razón, pues tú me dejas,

que no hay sin ti el vivir para qué sea.

Vergüenza he que me vea

ninguno en tal estado,

de ti desamparado,

y de mí mismo yo me corro agora.

¿D'un alma te desdeñas ser señora

donde siempre moraste, no pudiendo

della salir un hora?

Salid sin duelo, lágrimas corriendo.

sábado, 18 de abril de 2009

L'Orfeo

En la entrada anterior se invocaba a Orfeo y su poder , así que ¡qué mejor arranque que L'Orfeo de Claudio Monteverdi y la famosísima tocatta con la que empieza la obra!

Con L'Orfeo (1606) se considera que se inicia la ópera. Es cierto que están los intentos anteriores de Caccini y Peri y que se podrían rastrear numerosos antecedentes, pero con L'Orfeo se consigue por primera vez unir texto y música (el propio subtítulo lo indica: Favola in musica) con un sentido netamente dramático, teatral. Se desarrolla la acción del mito a través de la poesía del libretista Alessandro Striggio hijo), pero también de la partitura de Monteverdi que pinta los ambientes y dibuja el desarrollo emocional de los personajes.

La obra se encuentra también entre las primeras que estrenan una nueva estética: el Barroco. En primer lugar, musicalmente, sintetiza todos los descubrimientos de la monodia acompañada, que va a permitir la declamación del texto a través de una línea melódica acompañada por el bajo continuo. Pero frente a la austeridad de los compositores florentinos donde el texto era un mero recitado, Monteverdi introduce verdaderas melodías para crear ariosos que, junto a danzas o coros y ritornellos instrumentales crean una obra llena de color y contraste. En segundo lugar, esa idea del contraste responde a su vez al nuevo gusto. No se encuentra presente solo en la estructura musical, sino en el desarrollo del drama, en la voluntad de describir las pasiones del alma, desde la alegría inicial durante los preparativos de la boda de Orfeo y Eurídice a la desolación por la muerte de la ninfa, desde el temor que inspiran las criaturas infernales a la compasión que despierta en ellas el canto del poeta.




Resulta interesante pensar que esta primera ópera comienza con el personaje alegórico de la Música, en una escena que resulta casi un manifiesto de los poderes de su arte ("a través de mis dulces acentos sé calmar los corazones turbados y puedo llenar de amor o ira a los más fríos"), llegando a inspirar a las almas un vivo deseo de "escuchar la sonora armonía de la lira celeste". De esta manera, el mito se llena de neoplatonismo de forma que Orfeo, tras perder a Eurídice, en esta versión consigue salvarse y ascender a los cielos junto a su padre el Dios Apolo.




Más allá de su carácter fundacional, el siglo XX redescubrió en las óperas de Monteverdi que han sobrevivido (L'Incoronazione di Poppea y Il Ritorno d'Ulysse in la patria, además de la que nos ocupa) una atemporalidad que las hace profundamente modernas y aptas a las lecturas más variadas de todo tipo de creadores.


viernes, 17 de abril de 2009

Si de mi baja lira



El propósito general de este blog es la difusión de la música. De todas las músicas.
Está pensado para los aficionados, para aquellos que, gustándoles la música, viviendo rodeados de ella, quieran encontrar nuevos caminos de exploración donde descubrir otros estilos, artistas, épocas, culturas...

La música es materia sonora organizada en el tiempo. Pero es mucho más. Es la poesía contenida en la palabra cantada, es la huella de un intérprete, es testigo de su época, es un arte, es un negocio, es parte consustancial a muchos rituales... Hablar de música puede ser un buen trampolín para hablar de otras muchas cosas más.

El título de este blog está tomado de la Canción V de Garcilaso, Oda a la flor de Gnido, que comienza citando el poder asociado al canto de Orfeo.

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en un momento

aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento


El deseo que subyace en esta bitácora es el de usar, desde la mayor de las humildades, la música para aplacar toda clase de elementos adversos.