martes, 5 de mayo de 2009

Los griots: memoria de África

Los griots fueron en la antigüedad el equivalente a los juglares europeos, hombres que cantaban y recitaban acompañándose de algún instrumento las noticias de la tribu y del reino, los mitos, los hechos heroicos. Surgieron en los reinos medievales mandingas del África occidental, aunque su origen no es muy claro. La leyenda griot de Sourahata habla de su aparición en el Oeste africano con la expansión del Islam (siglo VIII), contando cómo Sourahata no quiso convertirse a la fe de Mahoma e intentó matar al Profeta. Sin embargo sólo consiguió herirlo. Mahoma lo condenó entonces, al igual que a sus hijos, a vagar por toda la eternidad. De esa maldición se librarían los hijos de la segunda esposa de Sourahata, al aceptar la nueva religión, dando origen así a la casta de los griots. Algunos estudiosos creen que su origen podría ser incluso anterior.

Muchas de las epopeyas están vinculadas a la vida de Soundiata Keita, conocido como el Carlomagno de África. Vivió en el siglo XIII y unificó los territorios del Sahel desde Senagal hasta Níger, creando el Gran Imperio de Mali.


Los relatos de las vidas de los héroes suelen incluir la mención de sus descendientes y familiares. Al nombrarlos, se invoca su presencia, dándoles vida de nuevo de una forma simbólica. Ello se hace a través de la repetición de la fórmula "MB'a Wullindila" que significa algo así como "yo lo despierto".
Debido a su tradición oral los relatos de los griots conocen múltiples versiones. De hecho, se espera de un buen griot que sepa introducir novedades o giros que mantengan el interés de los espectadores en unas narraciones que pueden ser muy largas, alcanzando varios miles de versos.
Pero los griots no sólo hablan del pasado, sino que se espera que en su canto honren la casa, la familia o los antepasados de su anfitrión. Éste le responderá con un regalo.
Las familias reales y posteriormente las de comerciantes acomodados tenían griots encargados de honrar a sus antepasados.

El oficio de griot se aprendía dentro de la familia, transmitiéndose de padres a hijos. Los jóvenes empezaban su formación muy tempranamente, centrándose en primer lugar en el aprendizaje rímico, que realizaban con algún idiófono sencillo de metal. Paulatinamente aprenderían un instrumento más complejo, pero no aparecerían en público hasta no haber alcanzado un grado de maestría suficiente, lo cual podía llevar de diez a quince años. Las mujeres también participaban y dependiendo de la zona, realizaban acompañamientos vocales o ejecutaban la melodía principal.

El instrumento de acompañamiento más habitual es la kora, un arpa-laúd de 21 cuerdas.

También se usan el ngoni, una especie de laúd, y el balafón un xilófono que por lo general presenta 19 láminas amplificadas en su parte posterior por calabazas y que se toca con dos baquetas.

La música suele ser estrófica y las melodías suelen ir asociadas a cada texto concreto.
La repetición de ostinatos es fundamental como patrón estructurador y como elemento sobre el que se crean improvisaciones y variaciones. También son importantes las improvisaciones vocales.


Los cambios que han sufrido las sociedades africanas en los últimos cincuenta años también han afectado a los griots. En la actualidad han perdido un poco esta característica de ser "preservadores de la memoria" y tienen una función más volcada al esparcimiento, especialmente los que pueden encontrarse en las ciudades, donde la competencia es mayor que en el medio rural y no existen los antiguos patrocinadores.


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