martes, 28 de abril de 2009

Vihuelas y guitarras

El siglo XVI conoce en la Península Ibérica la convivencia de dos instrumentos de cuerda pulsada: la vihuela y la guitarra renacentista. La primera tenía seis o siete órdenes (pares) de cuerdas frente a los cuatro de la segunda. Si la guitarra se consideraba un instrumento propio de las clases populares, la vihuela gozó del aprecio de las clases altas y cultivadas, de tal forma que el teórico Juan Bermudo habla de "vihuela vulgar" y "vihuela cortesana".
Hasta nosotros han llegado siete libros impresos con música para vihuela, debidos a instrumentistas afamados en su época.
  • Luys de Milán, El Maestro, Valencia, 1536
  • Luys de Narváez, Los seis libros del Delfín, Valladolid, 1538
  • Alonso Mudarra, Tres libros en cifra para vihuela, Sevilla, 1546
  • Enríquez de Valderrábano, Silva de Sirenas, Valladolid, 1547
  • Diego Pisador, Libro de música de vihuela, Salamanca, 1552
  • Miguel de Fuenllana, Orphénica lyra, Sevilla, 1554
  • Esteban Daza, El Parnaso, Valladolid, 1576

En ellos aparecen piezas de carácter libre como las fantasías, contrapuntístico como los tientos y las diferencias, composiciones para canto y vihuela, así como transcripciones de motetes o pasajes de misas de autores célebres.


De la guitarra, por el contrario, se han conservado en nuestros días pocas piezas, lo que podría indicar su vinculación con la música de tradición oral.

A mediados de siglo, sin embargo, a la guitarra renacentista se le añadió un quinto orden, con lo que terminaría por desplazar a la vihuela, dando lugar al instrumento conocido a partir del XVII como guitarra española.


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