sábado, 18 de abril de 2009

L'Orfeo

En la entrada anterior se invocaba a Orfeo y su poder , así que ¡qué mejor arranque que L'Orfeo de Claudio Monteverdi y la famosísima tocatta con la que empieza la obra!

Con L'Orfeo (1606) se considera que se inicia la ópera. Es cierto que están los intentos anteriores de Caccini y Peri y que se podrían rastrear numerosos antecedentes, pero con L'Orfeo se consigue por primera vez unir texto y música (el propio subtítulo lo indica: Favola in musica) con un sentido netamente dramático, teatral. Se desarrolla la acción del mito a través de la poesía del libretista Alessandro Striggio hijo), pero también de la partitura de Monteverdi que pinta los ambientes y dibuja el desarrollo emocional de los personajes.

La obra se encuentra también entre las primeras que estrenan una nueva estética: el Barroco. En primer lugar, musicalmente, sintetiza todos los descubrimientos de la monodia acompañada, que va a permitir la declamación del texto a través de una línea melódica acompañada por el bajo continuo. Pero frente a la austeridad de los compositores florentinos donde el texto era un mero recitado, Monteverdi introduce verdaderas melodías para crear ariosos que, junto a danzas o coros y ritornellos instrumentales crean una obra llena de color y contraste. En segundo lugar, esa idea del contraste responde a su vez al nuevo gusto. No se encuentra presente solo en la estructura musical, sino en el desarrollo del drama, en la voluntad de describir las pasiones del alma, desde la alegría inicial durante los preparativos de la boda de Orfeo y Eurídice a la desolación por la muerte de la ninfa, desde el temor que inspiran las criaturas infernales a la compasión que despierta en ellas el canto del poeta.




Resulta interesante pensar que esta primera ópera comienza con el personaje alegórico de la Música, en una escena que resulta casi un manifiesto de los poderes de su arte ("a través de mis dulces acentos sé calmar los corazones turbados y puedo llenar de amor o ira a los más fríos"), llegando a inspirar a las almas un vivo deseo de "escuchar la sonora armonía de la lira celeste". De esta manera, el mito se llena de neoplatonismo de forma que Orfeo, tras perder a Eurídice, en esta versión consigue salvarse y ascender a los cielos junto a su padre el Dios Apolo.




Más allá de su carácter fundacional, el siglo XX redescubrió en las óperas de Monteverdi que han sobrevivido (L'Incoronazione di Poppea y Il Ritorno d'Ulysse in la patria, además de la que nos ocupa) una atemporalidad que las hace profundamente modernas y aptas a las lecturas más variadas de todo tipo de creadores.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada